viernes, 23 de diciembre de 2022

Una Historia de Cobardes

Proyectiles de artillería caían sobre un suelo cubierto de nieve, mientras los soldados rusos se escondían en pequeñas trincheras en el medio del campo de batalla. Un joven cabo llamado Vladimir estaba admirando con temor los cuerpos de los hombres muertos mientras que otro cabo se acercó y le dijo:

- Estamos sufriendo muchas bajas señor, debemos huir.
- Según el general, no hay gloria sin muerte.- Le contestó Vladimir.

En ese instante un proyectil cayó encima de la trinchera rusa y Vladimir entendió que al final es mejor la vida sin gloria que la muerte sin ella. Vladimir corrió hacia una cabaña de madera en un lado del campo, en ella se encontraba el general Pétrovich. El joven cabo entró por la puerta de un golpe y manifestó:

- Señor, hemos perdido demasiado, los alemanes están preparando una ofensiva. Necesitamos retirarnos antes de que muramos todos.
- ¿A caso no has escuchado lo que hacen con los cobardes?- Contesto el general.
- No, ¿qué les hacen?, no creo que les pase na- El general le corta diciendo:
- Les cuelgan en la plaza de San Petersburgo o Petrogrado, como lo quieras decir.
- No puede ser, ¿quién da esa orden?.
- El mariscal Dimitri, tiene una obsesión con la valentía y esas cosas, por eso no pienso retirarme cabo.
- Me pienso ir si usted decide seguir resistiendo.
- Vale, envíale esta carta al mariscal.-  Le dice el general mientras saca de su viejo abrigo una carta.
- Entendido. 

Vladimir sale de la cabaña y al salir, le pregunta a Pétrovich: 
- Una pregunta, ¿que hay en la- Un proyectil de un obús voló en pedazos la cabaña del general y también a él. 
Vladimir sufrió poco impacto de la explosión, pero pensó: "Vaya que casualidad, justo el mejor general muriendo así".

  El cabo se dirigió en un ferrocarril de suministros hacia Petrogrado, allí pidió audiencia con el mariscar. Los mayordomos le dejaron pasar a un despacho de palacio muy decorado, tenia color dorado con paredes blancas, la luz caía de las grandes ventanas con glamurosas cortinas. El cabo se acercó al mariscal y empezó la conversación:

- Señor mariscal, tengo una carta del general Pétrovich para usted.
- ¿Una carta, para mí?- Pregunto Dimitri, cuestionándose lo que hay en su interior.
- Me la entregó justo antes morir, un proyectil cayó en su cabaña.
- Pobre Pétrovich, le tenía el alta estima.- Compadeció Dimitri mientras cogía la carta.

Al abrir la carta, Dimitri se puso pálido. Vladimir, al verle, pregunto por el contenido de la carta y Dimitri le contó una historia:

- Cabo, hace unos cuantos años, estuve en la guerra de Crimea junto a varios generales, uno de ellos Pétrovich. En una batalla, los ingleses lanzaron una ofensiva que nos obligó a retirarnos hacia un puesto de avanzada al norte de Azov. En la huida una bala alcanzo mi pierna, por eso ando mal ahora, y debido al impacto caí desplomado al suelo. Antes de perder la consciencia, conseguí ver a Pétrovich y a otros generales huyendo por eso le tengo odio a los cobardes.
- ¿Eso es lo que pone en la carta?- Preguntó Vladimir.
- No, en la carta pone que cuando caí inconsciente al suelo, Pétrovich me subió a un caballo y me llevo al hospital de Azov. También dice que en el camino se desgastó su abrigo y que le bajaron un puesto por huir hasta la ciudad. He estado ejecutando generales para nada, no sé porque Petrovich nunca me lo dijo.

Antes de que Vladimir pudiera decir algo, un general irrumpió en el lujoso despacho del mariscar gritando:
-¡Señor, los alemanes están a las afueras de la ciudad, esperamos ordenes!- Gritaba el general mientras se escuchaban los disparos a lo lejos.
-¡Decidle al Zar que firme un armisticio, hemos perdido!- Le gritaba Dimitri mientras salía de la habitación.
  



ADVERTENCIA: Esta historia NO esta inspirada en hechos reales. Lo único real son: la ciudad de San Petersburgo y la guerra de Crimea. Los personajes son totalmente ficticios.


Un saludo, vuestro Emperador Fernando Augusto III 

                                                         
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2 comentarios:

  1. Jaime, cada vez recreas mejor las escenas y son menos atropelladas. Entrar a ese salón con la descripción de la luz y de las cortinas es una delicia.
    La historia puede crecer. Detente y describe la comunicación no verbal: los pensamientos que se simultanean durante las conversaciones...
    Me encanta.

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